Quino

miércoles, 20 de julio de 2011

De la falta de honradez al corrupto que se ve obligado a abandonar

¿Quién puede poner en duda que estamos viviendo una época de auténtica crisis de valores? La honradez,  la honestidad y la aceptación de responsabilidades son atributos que no sólo no se poseen sino que se ha llegado a un punto en que quien los ejecuta es tomado directamente por idiota. En la actualidad, la política del todo vale es una constante defendida por todos en todo ámbito de la sociedad. Desde las ideas y conversaciones de bar en las que el intelectual de copa de jerez se siente capaz de hacer cambiar las cosas y se alardea y vitorea al defraudador, hasta los medios de comunicación, en los que se ensalza al primer descerebrado que aparece capaz de  traer audiencia a la vez que se huye de la denuncia por miedo a enfadar a anunciantes, gobernantes y directiva politizada, la principal inquietud y enseñanza que se transmite es la de que se han de conseguir favores que mejoren nuestra situación laboral, contactos que nos supongan ventajas administrativas y manejos de toda clase que nos signifiquen una mejora en nuestras finanzas. Nadie aboga por el esfuerzo, la rectitud o la obtención de méritos por el sacrificio y el bien hacer. Eso queda para el desgraciado que no tiene otra manera menos costosa de mejorar en la vida. 

Sin embargo es difícil jugar en el filo de la legalidad. A la larga los privilegios, el poder entendido al servicio de uno mismo y no al de la sociedad que le ha otorgado ese privilegio, tiene un peligro, el de caer en las manos de la corrupción. Y ser un corrupto tiene diferentes castigos, además de tener que habérselas con la justicia. Francisco Camps, ex-presidente ya de la Comunidad Valenciana, imputado por un delito de cohecho impropio, es decir, por aceptar regalos a cambio de favorecer a empresarios de su misma cuerda corrupta, se ha visto obligado a dimitir. Él dice que "inocente, inocente de las barbaridades que durante estos años se han dicho de mí". Y yo me pregunto: Si es inocente, ¿Por qué dimite? ¿Por qué ahora que se encuentra entre la espada y la pared de la justicia? ¿Por qué justo en el momento en que va a sentarse en el banquillo de los acusados? Si siempre ha eludido aceptar cualquier tipo de responsabilidad, ¿Por qué lo hace en el instante en que se le pide que se declare culpable como ya lo han hecho otros dos de sus compañeros? ¿No será porque después de cinco días de debates internos el Partido Popular le ha obligado? ¿No será porque admitir ahora que ha estado mintiendo a la ciudadanía durante dos años puede suponer un perjuicio mayor para sí mismo, para el resto del partido y para las aspiraciones presidenciales de su líder, Mariano Rajoy, que desaparecer temporalmente de la escena política? No hay que olvidar que fue defendido por todos ellos desde que el caso Gürtel salió a la luz, y es de imaginar que ahora, que ya ven que es imposible seguir ignorando la evidencia de su culpabilidad, pretenden que la ponzoña les salpique lo menos posible. A pocos meses de unas elecciones, posiblemente adelantadas, no es buena publicidad seguir tratando de víctima inocente a quien se ve envuelto en turbias andanzas judiciales.


Francisco Camps en la tarde de su dimisión.

Estoy convencido de que en los círculos de poder dimitir por cuenta propia debe estar hasta mal visto. La honradez, la honestidad y la aceptación de responsabilidades no es una característica que abunde últimamente entre las clases de más alto rango de nuestro país. No quiero pensar que sea precisamente por carecer de escrúpulos que se consigue llegar tan alto.

Todo esto mientras desde el Congreso se nos da a los ciudadanos la importancia que para nuestros representantes tenemos, tanta como que esta mañana el Presidente del Congreso José Bono se ha enfadado con el ministro de Industria Miguel Sebastián por el hecho de llevar o no corbata en los días de calor, con la  de problemas de todo tipo que nos acechan día tras día.  Manda huevos.

A estos sinvergüenzas podemos pararles los pies ¡Ya!

jueves, 7 de julio de 2011

Las agencias de calificación y los inoperantes gobiernos europeos

Al fin los gobiernos de Europa comienzan a desperezarse y a reaccionar contra las agencias de calificación. Ya han tardado. Dice un refrán que "más vale tarde que nunca", lo que hace que nos demos cuenta nuevamente de lo alejados que están nuestros gobernantes de la realidad y el sentido común. Los cerebros económicos más prestigiosos de la élite política europea se dieron cuenta a día de ayer, con la bajada de la valoración de Portugal, lo que no se para de escuchar en las calles desde hace años, que quiénes narices son las agencias de calificación para dictaminar cuál es y ha de ser el futuro de las sociedades europeas. No obstante es cierto que a veces más vale tarde que nunca, pero yo no quiero obviar el "a ver cuánto les dura", que los políticos dicen hoy que no pero mañana dirán amén.

Pregunta: ¿Quiénes son las agencias de calificación? Las agencias son unas empresas privadas que por cuenta de unos clientes privados, entiéndase con intereses económicos, se toman a libertad de calificar una serie de productos financieros.

P: ¿Pero qué tipo de personas componen las agencias, son grandes Premios Nobel de Economía, acaso una serie de jóvenes y ancianos filántropos preocupados por el futuro, o más bien un grupúsculo de ambiciosos adinerados que hacen negocio provocando la ruina de otros? Nadie lo sabe, aunque podamos tener sospechas sobre su catadura moral y preparación estratégico-rastrero.

P: ¿Por qué los mercados les hacen caso? Los mercados les hacen caso porque desde hace cien años las tres agencias principales, Moody's, Standard & Poor´s y Abercrombie & Fitch, que son las que dominan el mundo de la información financiera, han estado realizando análisis económicos sobre empresas y estamentos gubernamentales a investigar por encargo de clientes con intereses especulativos en ellas. Y no hay más. Si se quiere saber la situación financiera de una empresa o un gobierno ellos tienen la información, por lo que es a ellos a quienes se ha de acudir.

P: ¿Y quiénes son esos clientes que quieren información sobre otros? Además de otras empresas y particulares, los propios estados.

P: ¿Entonces, los mismos estados que ayer por fin protestaron contra las agencias las llevan utilizando desde hace decenios? Sí y desde hace no mucho hay que añadir al principal problema, grupos de inversores anónimos y privados que obtienen beneficios multimillonarios especulando con que si tal país va bien o mal.

P: ¿Y estas agencias, nunca se han equivocado? Sí. Estuvieron ocultando las técnicas fraudulentas de enriquecimiento y expansión de una empresa  norteamericana llamada Enrom en el año 2001. Y más reciente y paradójicamente, no supieron ver venir la crisis económica mundial que nos mantiene ahogados hoy en día, dándole a Lehman Brothers, empresa que quebró a los pocos día y cuya quiebra se considera el desencadenante de esta crisis, una calificación muy alta por su fiabilidad y solvencia.

P: ¿Y estos son los mismos que dicen que Grecia, Portugal, España, Italia o Bélgica van a ir a la quiebra destruyendo el mundo y trayendo a los demonios? Sí. Y estos países les hacen caso y para evitarlo están recortando derechos y bienestar de la mayoría manteniendo y aumentando los privilegios de los más adinerados.

Afirmación: ¡Están locos! ¡Han tomado como un dogma cuanto estos indecentes dicen sin considerar las consecuencias!. Sí, y más si tenemos en cuenta que estas agencias de calificación venden productos que ellos mismos califican, poseen inversiones en las empresas que tienen como clientes y apoyan al dólar frente a la posible fortaleza del euro como moneda de intercambio de finanzas, por lo que es más que sospechoso este ataque arbitrario a diferentes países a medida que los mercados y los medios de comunicación se tranquilizan más de cinco días consecutivos.

Conclusión: Las agencias, compuestas por no se sabe quien, habiendo ocultado y fallado en sus previsiones, y con intereses ocultos de poder y enriquecimiento, pretenden solucionar los problemas de Europa anunciando la inminente quiebra de cualquier país por la gracia de no se sabe bien qué. Y encima, es cuando realizan sus declaraciones cuando las cosas empiezan a ir mal, y no antes. Parafraseando al Rey "¿Por qué no te callas?". Pues por hacer negocio. No se callan porque así las bolsas bajan, los intereses de los créditos de los que ellos mismos posiblemente participen suban y así ganar más dinero, tanto como el que no se podrán gastar en las siguientes doscientas generaciones.

La sabiduría popular y el bueno de Ockham tienen razón, normalmente la explicación más sencilla suele ser la correcta: Estamos gobernados por unos ineptos que han dejado el destino de las naciones en manos del mercado, del neoliberalismo y de la codicia humana y ésta no mira por el bien común sino tan sólo por sus propios bolsillos, y así nos va.


Inefables agencias de calificación al servicio de los ricos.

Como a estos sinvergüenzas no les demos la patada ¡Ya!...

martes, 28 de junio de 2011

Lo que le importa a la clase política

En esta ocasión toca hablar de la crisis griega, única noticia relevante de los últimos días. De nuevo la gran preocupación de los medios y de nuestros políticos es la cantidad de beneficios que van a dejar de obtener a corto plazo tanto banqueros como especuladores. Es patético observar cómo los grandes líderes de las naciones europeas se ven obligados a aparecer todos los días en ruedas de prensa para"tranquilizar" a los mercados. Ver cómo  ruegan a los cuatro codiciosos que nos hacen el favor de comprar nuestra deuda a precio que multiplicarán por ciento, que confíen en que las naciones centenarias que conforman el continente entero no van a desaparecer mágicamente de la faz del planeta antes de pagarles. Observar cómo tratan de convencerse unos a otros de que se den una limosna a cambio de la promesa de que los países PIIGS van a crecer económicamente al ritmo que el FMI quiera, y así nadie tome la arbitraria decisión de perjudicarnos.

A nadie le preocupa que esas naciones estén compuestas por ciudadanos que cada semana son más pobres, están más desanimados y pasan más necesidad. Los ciudadanos somos tan sólo los ingredientes prescindibles en el juego del enriquecimiento de los mercados, y los gobiernos ya no son los que rigen el destino de las naciones.



Ciudadanos griegos y españoles manifestándose por sus derechos.

Hoy, en el debate sobre el estado de la nación, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dicho: bla, bla, bla, bla..., a lo que Mariano Rajoy, ansioso únicamente por llegar a La Moncloa para sentirse al fin contento consigo mismo, ha respondido: be, be, be, be-adelanto de las elecciones... Estamos fritos.

Mientras el caduco gobierno del PSOE no sabe ya qué hacer para salir de una crisis que no parece tener final el PP, posiblemene próximo gobierno de España, no tiene ideas ni programa ni aporta soluciones. ¿Es que no hemos aprendido nada? ¿Dónde está la industria que debería generar empleo, dónde el I+D+I? ¿En qué vamos a ser competitivos, de nuevo en el ladrillo, en la liberalización del suelo? ¿Estamos resignados a vivir del turismo, de las migajas que les sobran a los países ricos? Pienso que los gobiernos así lo desean, sino no puede explicarse esta inacción tan lamentable por parte de quienes pueden cambiar las cosas. ¿Por qué no quieren, por ineptitud, por intereses superiores? Sea por una o sea por la otra está claro que esta gentuza no vive para nosotros, pero sí gracias a nosotros. Este sistema de todo para unos pocos gracias al sacrificio de todos es sin duda insostenible. ¡Es necesaria una auténtica regeneración!

A estos sinvergüenzas tenemos que pararles los pies ¡Ya!

jueves, 16 de junio de 2011

Comienza la revolución española

Hace un mes comenzó en las calles de nuestro país un movimiento de reivindicación de todos aquellos derechos arrebatados a los ciudadanos por políticos, banqueros y grandes empresarios y que en teoría garantiza nuestra Constitución. Sin embargo la ley hipotecaria condena al deudor de por vida después incluso de haber perdido su casa. La ley de reforma laboral abarata el despido de los trabajadores, haciendo que aumente el paro y que la cuchilla del despido penda sobre sus cabezas, hecho anticipado por muchos e ignorado por un gobierno títere y falto de previsión y sentido común que aparentó realizar tamaña medida por el bien del progreso de una economía basada en la especulación. Los salarios se reducen o se congelan, se pierde el refugio de la vejez con pensiones más bajas y más lejanas, y el discurso de que no importa que la sanidad pública sea mala porque afortunadamente se puede pagar un seguro médico y de que sólo los hijos de los ricos tienen derecho a una educación de calidad, no ha convencido a la gente, que lejos de conformarse con su posición de seres inferiores otorgada por los adinerados y los poderosos ha decido salir a tomar las plazas.



¿Cómo se detiene este movimiento de ciudadanos de toda condición intelectual que grita con las manos en alto que ha llegado el momento de volver a la senda de la decencia? No es seguro que se pueda, y los  políticos, expertos artistas del embuste por la supervivencia, parece que empiezan a darse cuenta de que es mejor tomar en serio el rumor de las aguas que a lo lejos suenan y desprenderse de algunos privilegios autoconcedidos por la gracia de su cargo, que verse antes o despues con el cuello a lo María Antonieta. Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid,  va a proponer una reforma de la Ley Electoral autonómica para abrir las listas de candidatos, el BNG lanzó una propuesta para que se salde la deuda con el banco por una hipoteca con la entrega del piso, propuesta que no ha salido adelante por el voto en contra del PSOE y el PP y al fin un cargo de relevancia, Valeriano Gómez, ministro de trabajo, ha declarado que la situación de la crisis es el resultado de "las actuaciones muy ineficientes y muy discutibles por parte de nuestro sistema financiero", opinión, que por no enfrentarse a la mano que les da de comer, niega Elena Salgado, vicepresidenta económica. De momento y en pocos días estan siendo unos cambios en el planteamiento de los políticos. ¿Los estarían realizando si no se hubiese salido a la calle? Sin duda, no.

Lamentablemente se está llegando a la violencia, aunque sea tan sólo por parte de algunos exaltados. Se ha avasallado a Alberto Ruíz-Gallardón, alcalde de Madrid y los altercados producidos a la puertas del parlamento catalán están dando la vuelta al mundo. ¿Serán los únicos o a medida que el pueblo siga sintiendo la opresión de la soga de la injusticia comenzará a revelarse contra los verdugos? Los políticos están alarmados y sorprendidos y lo están porque pensaban que las manifestaciones en su contra y en contra de su política desaparecerían mientras felizmente continuaban con sus declaraciones y acciones imprudentes, perjudicando así a los mercados, aumentando nuestra prima de riesgo y la desconfianza sobre nuestra solvencia, retrasando la salida de la crisis, prolongando con sus vacíos hechos y vacías palabras una situación de empobrecimiento económico, social e intelectual que mantiene a España, otrora imperio del Mundo, a la cola de la cola de los países irrelevantes de occidente, ¿Qué esperaban?.


Cientos de manifestantes impidiendo la entrada al Parlamento Catalán

Los incidentes violentos no deberían repetirse y ser las manifestaciones, movilizaciones, representación y presión contra los bancos e instituciones los que trajesen un futuro para España. No obstante no hay que olvidar que las revoluciones por la obtención y defensa de los derechos de los ciudadanos no se han caracterizado, a lo largo de la historia, por haberse ganado con buenas palabras. Esperemos que tanto unos como otros no terminen perdiendo el juicio.

A estos sinvergüenzas podemos pararles los pies ¡Ya!

jueves, 9 de junio de 2011

La sordera de los poderes

Estos días nos levantamos con una serie de propuestas y acciones por parte de los distintos poderes que no deben más que llevarnos nuevamente hacia la indignación. Vayamos por frentes, que se acumulan:

Primero aparece la maravillosa Comisión Europea recomendando que España rebaje las cotizaciones sociales y suba los impuestos indirectos, concretamente el IVA, que nos perjudica a todos y al consumo, no vaya a ser que rebajen los privilegios de políticos y que les suban los impuestos directos a los ricos, es decir, a sí mismos, y dejen de ganar algunos pocos millones de euros, que cientos nunca son suficientes. El argumento a tan bella propuesta es el de que así se impulsará la productividad. Ahora hay que preguntarse ¿Qué demonios de productividad quieren aumentar si el ciudadano medio no tiene ni un euro para gastar? ¿Qué van a hacer con el stock de producción almacenado y que nadie va a comprarles? ¿Es que piensan que fabricar sin vender es suficiente para continuar acumulando bienes sin mesura? Menos mal que en esta ocasión, y para sorpresa de muchos, doña Elena Salgado, vicepresidenta económica, ha rechazado la propuesta porque es consciente de que "en este momento" hay que estimular el consumo. Creo que no es necesario ser un lumbrera para darse cuenta de algo tan simple. ¡Bien por la Comisión Europea! ¡Bien por cuantos están haciendo que sea imposible que salgamos de la crisis porque defienden que para ello es mejor una sociedad endeudada y empobrecida de ciudadanos que no consumen y que son tan sólo las hormigas esclavizadas de una producción de bienes que nadie quiere y nadie compra! ¡Ole!


D. Durao Barroso, Pte. de la Comisión Europea.

Por otro lado nuestros políticos siguen enzarzados en sus luchas de poder, principal preocupación en la que invierten jornadas, esfuerzo y dinero público. Para ello aparece ahora el Partido Popular acusando al Partido Socialista de estar destruyendo documentación compremetedora para con los datos económicos de Castilla-La Mancha y que demostrarían que el gobierno del presidente saliente José María Barreda ha dejado a la comunidad en "quiebra total", llegando incluso a la imposibilidad de pagar las nóminas de los funcionarios. ¿Pruebas? Ninguna, pero el juego es acusar sin fundamento y que sea el acusado el que demuestre su inocencia, lo importante es aparecer en los medios de comunicación pareciendo que se es mejor que el enemigo y convencer para acceder al control y al poder y manajar a su libre antojo los designios de los números insignificantes que somos las personas para ellos. Y que no se preocupen los simpatizantes del Partido Popular, lamentablemente no habrá que esperar demasiado a que el Partido Socialista aparezca con cualquier nueva acción-decisión-declaración que equilibre nuevamente la balanza de despropósitos.

En cuanto a empresarios y sindicatos nos encontramos con que los primeros no desean ceder un ápice en sus deseos de flexibilización interna de las empresas que facilite el despido de los trabajadores ¿Es que no se han enterado de que el despido no es la solución, de que están tensando demasiado la cuerda y de que los propios trabajadores no van a tolerar por mucho más tiempo condiciones que empeoren su situación de esclavitud, de que es contra los bancos, que les tienen cerrado el grifo de los créditos, contra los que tienen que ir? ¿Es que no se han enterado los sindicatos de que ya poco se espera de ellos, de que no han sabido ni estan sabiendo defender los derechos de los trabajadores ni de que no tienen las agallas de convocarlos a realizar movilizaciones y huelgas contra el gobierno y los abusos de la patronal?

Da asco comprobar cómo todos ellos ignoran la situación de la sociedad, sus reivindicaciones y su enfado demostrado con movilizaciones ciudadanas y con una tremenda abstención y voto nulo y en blanco en las pasadas elecciones. Da la sensación de que las exigencias de los españoles no les importan, convencidos de que se terminarán diluyendo como azúcar esparcido por el océano. Mientras las concentraciones continúan por toda España e incluso se acercan al Congreso de los Diputados, nuestros dirigentes siguen sordos peleándose por un pedazo más grande de un pastel del que ya no se puede sacar más, sin considerar las consecuencias de tan tremenda avaricia.

A estos sinvergüenzas debemos pararles los pies ¡Ya!


jueves, 2 de junio de 2011

La campaña silenciosa y la inacción de los poderes

Los ciudadanos seguimos de enhorabuena, el movimiento surgido hace unas semanas y que pretende hacer llegar a nuestra vida una sociedad y unos poderes libres y justos para todos continúa en marcha. Su presencia es palpable en estos momentos más por internet que por la expresión de su indignación en las calles, en las que sigue y a las que sin duda habrá que volver. Los ciudadanos tenemos en este movimiento la herramienta democrática para terminar de una vez con las clases privilegiadas y la explotación de la clase media trabajadora, por mucho que la derecha mediática pretenda deslegitimizar a los manifestantes aludiendo por ejemplo que no son más que "indignaditos malolientes", como ha declarado el siempre respetuoso Jimenez Losantos. Es muy triste, metidos de lleno en el S.XXI, tener que volver a hablar de lucha de clases, y más en una España tan recientemente democrática y que tanto llegó a crecer en la década de los ochenta.



Asamblea realizada en la acampada de la Puerta del Sol.


Mientras tanto el Partido Socialista, gran perdedor de las elecciones, se sigue agarrando a la crisis económica, argumento único con que pretende justificar las desigualdades con que ha masacrado a la población desde hace años, para entender la debacle sufrida. El gobierno continúa esperando a que los problemas económicos se solucionen por sí mismos. Realiza los recortes pero no promociona el desarrollo ni las vías de desarrollo necesarias para el crecimiento del país. Esta inacción, típico hacer de sistemas que dejan que la economía se autorregule sin que nada ni nadie actúe sobre ella, trae como consecuencia que los empresarios se queden con los beneficios en épocas de bonanza, gracias al trabajo y especialización de unos trabajadores mal pagados, y que las pérdidas, en el momento en que la avaricia ya lo ha exprimido todo, las tengamos que pagar entre todos. La solución a esta injusticia, a este dominio de unos pocos frente a la esclavitud del resto, y con la que se pretenden aplacar los ánimos de la población, es cambiando a Zapatero por Rubalcaba y continuar ignorando las peticiones de las acampadas y la aclamación popular.

Por otro lado el Partido Popular, el nuevo garante de los derechos y el bienestar de los ciudadanos, aparece ahora con la propuesta de realizar un plan de austeridad con medidas concretas, como fijar un máximo de 10 consejerías o racionalizar el uso de coches oficiales y teléfonos móviles. Como ya comenté en anteriores entradas el Partido Popular ya gobierna desde hace lustros en diferentes autonomías y municipios, con lo que las preguntas que cabe hacerse son: ¿Por qué sacan estas medidas ahora, que la crisis lleva asentada más de tres años, y no las pusieron antes en práctica allí donde tienen la capacidad de cambiar las cosas? y ¿Cómo piensa Mariano Rajoy reducir costes sin reducir el gasto social? Ante esta cuestión el líder del partido calla.

Los expertos aseguran que Zapatero sólo ha sido una víctima de la situación mundial y que ha hecho la política de recortes que desde el resto de Europa y el FMI le fueron dictando para evitar una recesión mayor y un rescate de nuestra economía, hecho este último que al parecer hubiese sido mucho peor. Los expertos aseguran que Rajoy hubiese realizado los mismos recortes, o más, y que su política, si lega a La Moncloa, será una continuidad de la del Parido Socialista. Viendo el panorama descrito sólo puedo reafirmarme en que tanto uno como otro son el mismo problema, el mismo títere en manos del capricho ambicioso de cuantos cotizan en bolsa, auténticos mandatarios del mundo.


Bolsa de Madrid

Los ciudadanos debemos darnos cuenta de que tenemos la capacidad de cambiar un sistema inoperante que nos tiene abandonados y que para ello debemos estar unidos, debemos reivindicar nuestra dignidad y castigar a políticos y empresarios donde más les duele, tocándoles el bolsillo, quitándoles el poder, recuperando una calidad de vida que nos han ido arrebatando poco a poco para llenarse el ego y el colchón de billetes.

A estos sinvergüenzas podemos pararles los pies, ¡Ya!

jueves, 26 de mayo de 2011

La hora de salvar el tipo

Pasados unos pocos días desde que se celebrasen las elecciones los políticos vuelven a su senda. Atrás quedan las preocupaciones de los ciudadanos, las promesas, la cercanía y las chaquetas sociales. Después de haberse dejado tocar, de haberse rebajado a la altura de los ciudadanos, de regalarles los oídos con mentiras de embaucador, regresan a las corbatas, a los coches oficiales, a no responder a las preguntas de los periodistas, a la lejanía con que les conocemos y de la que son parte, por mucho que muchos se dejen engañar los quince días anteriores a cualquier comicio. 



Los líderes del PP y de PSOE dándose un baño de masas tras olvidar la corbata en casa.

Apenas una horas después de que se conociesen los resultados se dio el pistoletazo de salida para la gran carrera por la permanencia. Los políticos al fin en su salsa. Pactos, acuerdos e hipocresía campando por los despachos y los pasillos de los congresos de municipios y autonomías. Líderes e ideales enfrentados hace apenas unos días se olvidan y se venden como si nunca hubiese sucedido, memoria caduca de unos medios y una sociedad en que todo vale. Lo mismo pacta la izquierda con el centro o con la derecha que la derecha con el centro o con la izquierda. Nacionalistas, independentistas e incluso repudiados son tomados en cuenta siempre que permita mantener el puesto con la excusa de que aun no se han podido aplicar todas las medidas propuestas, y encima vendiéndoselo al público como que en el fondo se defienden posturas que no se encuentran tan distanciadas. ¿Y no es para indignarse? ¿No es para salir a la calle y movilizarse contra el concepto de político, de aprovechado, de mentiroso, de sinvergüenza?

Mientras el movimiento 15-M, entusiasta abanderado de los derechos de los ciudadanos, por los ciudadanos, parece que ha quedado en espera, puliendo, dicen, todas las ideas y propósitos obtenidos durante la semana pasada. La luz generada por las protestas parece que se quiera diluir, o al menos eso desea la clase dirigente, reacia a que nada cambie, a que sus privilegios puedan verse mermados en modo alguno. Sin embargo somos muchos los que pensamos que la semilla se ha plantado y que si ahora se alimenta bien terminará por germinar, pero que si se olvida y se arranca de la fuerza del colectivo,  volviendo cada uno a su mediocre consumismo, la posibilidad de dejar de ser esclavos se marchitará como se marchitan las flores en otoño, lentamente, desapareciendo por sí sola. Lástima que este llamamiento no haya sido organizado ni apoyado siquiera por los sindicatos, teórica fuerza obrera al servicio del trabajador. En España ni esa defensión nos queda.



Los líderes políticos, reajustada la corbata, pasándose la responsabilidad sin aportar soluciones justas para la ciudadanía.


A estos sinvergüenzas podemos pararles los pies ¡Ya!