Quino

miércoles, 20 de julio de 2011

De la falta de honradez al corrupto que se ve obligado a abandonar

¿Quién puede poner en duda que estamos viviendo una época de auténtica crisis de valores? La honradez,  la honestidad y la aceptación de responsabilidades son atributos que no sólo no se poseen sino que se ha llegado a un punto en que quien los ejecuta es tomado directamente por idiota. En la actualidad, la política del todo vale es una constante defendida por todos en todo ámbito de la sociedad. Desde las ideas y conversaciones de bar en las que el intelectual de copa de jerez se siente capaz de hacer cambiar las cosas y se alardea y vitorea al defraudador, hasta los medios de comunicación, en los que se ensalza al primer descerebrado que aparece capaz de  traer audiencia a la vez que se huye de la denuncia por miedo a enfadar a anunciantes, gobernantes y directiva politizada, la principal inquietud y enseñanza que se transmite es la de que se han de conseguir favores que mejoren nuestra situación laboral, contactos que nos supongan ventajas administrativas y manejos de toda clase que nos signifiquen una mejora en nuestras finanzas. Nadie aboga por el esfuerzo, la rectitud o la obtención de méritos por el sacrificio y el bien hacer. Eso queda para el desgraciado que no tiene otra manera menos costosa de mejorar en la vida. 

Sin embargo es difícil jugar en el filo de la legalidad. A la larga los privilegios, el poder entendido al servicio de uno mismo y no al de la sociedad que le ha otorgado ese privilegio, tiene un peligro, el de caer en las manos de la corrupción. Y ser un corrupto tiene diferentes castigos, además de tener que habérselas con la justicia. Francisco Camps, ex-presidente ya de la Comunidad Valenciana, imputado por un delito de cohecho impropio, es decir, por aceptar regalos a cambio de favorecer a empresarios de su misma cuerda corrupta, se ha visto obligado a dimitir. Él dice que "inocente, inocente de las barbaridades que durante estos años se han dicho de mí". Y yo me pregunto: Si es inocente, ¿Por qué dimite? ¿Por qué ahora que se encuentra entre la espada y la pared de la justicia? ¿Por qué justo en el momento en que va a sentarse en el banquillo de los acusados? Si siempre ha eludido aceptar cualquier tipo de responsabilidad, ¿Por qué lo hace en el instante en que se le pide que se declare culpable como ya lo han hecho otros dos de sus compañeros? ¿No será porque después de cinco días de debates internos el Partido Popular le ha obligado? ¿No será porque admitir ahora que ha estado mintiendo a la ciudadanía durante dos años puede suponer un perjuicio mayor para sí mismo, para el resto del partido y para las aspiraciones presidenciales de su líder, Mariano Rajoy, que desaparecer temporalmente de la escena política? No hay que olvidar que fue defendido por todos ellos desde que el caso Gürtel salió a la luz, y es de imaginar que ahora, que ya ven que es imposible seguir ignorando la evidencia de su culpabilidad, pretenden que la ponzoña les salpique lo menos posible. A pocos meses de unas elecciones, posiblemente adelantadas, no es buena publicidad seguir tratando de víctima inocente a quien se ve envuelto en turbias andanzas judiciales.


Francisco Camps en la tarde de su dimisión.

Estoy convencido de que en los círculos de poder dimitir por cuenta propia debe estar hasta mal visto. La honradez, la honestidad y la aceptación de responsabilidades no es una característica que abunde últimamente entre las clases de más alto rango de nuestro país. No quiero pensar que sea precisamente por carecer de escrúpulos que se consigue llegar tan alto.

Todo esto mientras desde el Congreso se nos da a los ciudadanos la importancia que para nuestros representantes tenemos, tanta como que esta mañana el Presidente del Congreso José Bono se ha enfadado con el ministro de Industria Miguel Sebastián por el hecho de llevar o no corbata en los días de calor, con la  de problemas de todo tipo que nos acechan día tras día.  Manda huevos.

A estos sinvergüenzas podemos pararles los pies ¡Ya!

jueves, 7 de julio de 2011

Las agencias de calificación y los inoperantes gobiernos europeos

Al fin los gobiernos de Europa comienzan a desperezarse y a reaccionar contra las agencias de calificación. Ya han tardado. Dice un refrán que "más vale tarde que nunca", lo que hace que nos demos cuenta nuevamente de lo alejados que están nuestros gobernantes de la realidad y el sentido común. Los cerebros económicos más prestigiosos de la élite política europea se dieron cuenta a día de ayer, con la bajada de la valoración de Portugal, lo que no se para de escuchar en las calles desde hace años, que quiénes narices son las agencias de calificación para dictaminar cuál es y ha de ser el futuro de las sociedades europeas. No obstante es cierto que a veces más vale tarde que nunca, pero yo no quiero obviar el "a ver cuánto les dura", que los políticos dicen hoy que no pero mañana dirán amén.

Pregunta: ¿Quiénes son las agencias de calificación? Las agencias son unas empresas privadas que por cuenta de unos clientes privados, entiéndase con intereses económicos, se toman a libertad de calificar una serie de productos financieros.

P: ¿Pero qué tipo de personas componen las agencias, son grandes Premios Nobel de Economía, acaso una serie de jóvenes y ancianos filántropos preocupados por el futuro, o más bien un grupúsculo de ambiciosos adinerados que hacen negocio provocando la ruina de otros? Nadie lo sabe, aunque podamos tener sospechas sobre su catadura moral y preparación estratégico-rastrero.

P: ¿Por qué los mercados les hacen caso? Los mercados les hacen caso porque desde hace cien años las tres agencias principales, Moody's, Standard & Poor´s y Abercrombie & Fitch, que son las que dominan el mundo de la información financiera, han estado realizando análisis económicos sobre empresas y estamentos gubernamentales a investigar por encargo de clientes con intereses especulativos en ellas. Y no hay más. Si se quiere saber la situación financiera de una empresa o un gobierno ellos tienen la información, por lo que es a ellos a quienes se ha de acudir.

P: ¿Y quiénes son esos clientes que quieren información sobre otros? Además de otras empresas y particulares, los propios estados.

P: ¿Entonces, los mismos estados que ayer por fin protestaron contra las agencias las llevan utilizando desde hace decenios? Sí y desde hace no mucho hay que añadir al principal problema, grupos de inversores anónimos y privados que obtienen beneficios multimillonarios especulando con que si tal país va bien o mal.

P: ¿Y estas agencias, nunca se han equivocado? Sí. Estuvieron ocultando las técnicas fraudulentas de enriquecimiento y expansión de una empresa  norteamericana llamada Enrom en el año 2001. Y más reciente y paradójicamente, no supieron ver venir la crisis económica mundial que nos mantiene ahogados hoy en día, dándole a Lehman Brothers, empresa que quebró a los pocos día y cuya quiebra se considera el desencadenante de esta crisis, una calificación muy alta por su fiabilidad y solvencia.

P: ¿Y estos son los mismos que dicen que Grecia, Portugal, España, Italia o Bélgica van a ir a la quiebra destruyendo el mundo y trayendo a los demonios? Sí. Y estos países les hacen caso y para evitarlo están recortando derechos y bienestar de la mayoría manteniendo y aumentando los privilegios de los más adinerados.

Afirmación: ¡Están locos! ¡Han tomado como un dogma cuanto estos indecentes dicen sin considerar las consecuencias!. Sí, y más si tenemos en cuenta que estas agencias de calificación venden productos que ellos mismos califican, poseen inversiones en las empresas que tienen como clientes y apoyan al dólar frente a la posible fortaleza del euro como moneda de intercambio de finanzas, por lo que es más que sospechoso este ataque arbitrario a diferentes países a medida que los mercados y los medios de comunicación se tranquilizan más de cinco días consecutivos.

Conclusión: Las agencias, compuestas por no se sabe quien, habiendo ocultado y fallado en sus previsiones, y con intereses ocultos de poder y enriquecimiento, pretenden solucionar los problemas de Europa anunciando la inminente quiebra de cualquier país por la gracia de no se sabe bien qué. Y encima, es cuando realizan sus declaraciones cuando las cosas empiezan a ir mal, y no antes. Parafraseando al Rey "¿Por qué no te callas?". Pues por hacer negocio. No se callan porque así las bolsas bajan, los intereses de los créditos de los que ellos mismos posiblemente participen suban y así ganar más dinero, tanto como el que no se podrán gastar en las siguientes doscientas generaciones.

La sabiduría popular y el bueno de Ockham tienen razón, normalmente la explicación más sencilla suele ser la correcta: Estamos gobernados por unos ineptos que han dejado el destino de las naciones en manos del mercado, del neoliberalismo y de la codicia humana y ésta no mira por el bien común sino tan sólo por sus propios bolsillos, y así nos va.


Inefables agencias de calificación al servicio de los ricos.

Como a estos sinvergüenzas no les demos la patada ¡Ya!...